Cartas a un joven poeta

>> martes, 10 de abril de 2012

Hace unos meses echaron en la tele, Sister Act 2. Segurísimo que habéis visto esta película, es uno de esos clásicos como: Solo en casa, que uno no se pierde cuando sale en la tele.
¡Qué películas tan buenas! ¡Cómo marcaban nuestra infancia!

Pues bien, en la peli de Sister Act 2 Whoopi Goldberg vuelve a convertirse en hermana, y ahora le toca llevar la clase de música en un colegio problemático.
Y he aquí que intenta ayudar a una chica que se ve atrapada en su propio mundo. Quiere ser cantante, pero su madre no lo acepta. Y cómo no, la joven lo pasa fatal, es a lo que ella aspira tras terminar los estudios. Pero no encuentra apoyo por ningún lado, incluso muchas veces ella misma es la que se pone esos muros tan altos que no puede trepar.
Esto seguro que nos ha pasado a nosotros muchas veces. Soñamos con ser: escritor, médico, actor, arqueólogo, astronauta, bombero, abogado, trapecista, diseñador de moda, profesor, cocinero...y nos encontramos con negativas por parte de padres, de nuestro propio entorno...

¿Realmente hay que dejarse llevar y aceptar que lo mejor para nosotros no es lo que deseamos tan fuertemente? ¿Son imaginaciones nuestras cuando pensamos que podemos llegar a ser los mejores en nuestro campo?  ¡¡¡NADA DE ESO!!! Nada de pesimismo, no somos ni unos cobardes, ni unos conformistas, ni unos mandados. NUESTRA VIDA NOS PERTENECE. Y si crees que siendo astronauta te llenará, hazlo realidad. Si piensas que el cantar ante personas conseguirá calmar ese ansia que te mueve por dentro haz todo lo posible por conseguirlo. Si quieres ser escritor...no dejes nunca de escribir. Intenta, intenta, intenta...nadie nace escribiendo, por lo tanto el esfuerzo y la perseverancia jugará un papel importante en TU futuro. ¿Sabes que con estas dos cualidades ya dejas atrás a muchos otros que tienen esos sueños y se rinden con facilidad? No se llega a ningún lado con quejas, y rendiciones.

En Cartas a un joven poeta, tratan este tema. El conocido poeta Rilke contesta a las cartas de un desconocido poeta que quiere ser publicado. Y una de esas contestaciones dice así:

Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?" Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida.

¡¡¡Seguro que muchos nos sentimos identificados con estas palabras!!!

Espero que os haya ayudado esta entrada para no dejar de soñar, y hacer de esos sueños vuestra realidad.

SaludoS positivoS,

Ana

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